Por su estratégica ubicación geográfica entre las regiones michoacanas, Uruapan desde sus inicios sirvió como punto de encuentro para diferentes comunidades indígenas, quienes solían coincidir en la ciudad del Cupatitzio para intercambiar herramientas, alimentos y los bienes de consumo cuya elaboración les había sido legada por Don Vasco de Quiroga, Primer Obispo de Michoacán. Tal era el éxito del tianguis que con motivo del Domingo de Ramos comenzó a celebrarse desde hace siglos en las plazas principales de la localidad.

El primer nombre que se le dió al evento fue "Feria del Barro", ya que era el barro el elemento de oficio que destacaba. Esta tenía lugar, por espacio de dos o tres días, en la calle de Melchor Ocampo extendiéndose hasta el Jardín de Izazaga. Cuando aparecieron los automóviles, pero sobre todo con motivo de la demolición de los antiguos Parianes para construir la Plaza Morelos, los exponentes del oficio (a los cuales aún no se les llamaba artesanos) fueron relegados y enviados "a tras mano", sobre la calle 16 de septiembre.

A finales de la década de los 50's, un ciudadano que presenció el maltrato que recibió un indigena por parte de las autoridades, al no tener su contributo por derecho de piso; decidió trabajar para que esa injusticia no se repitiera y que los trabajadores manuales fueran reconocidos dandole el justo valor a sus extraordinarias creaciones.

Convocó a otras personas de buena voluntad y les expuso el punto, su idea tuvo una gran acogida, entonces se unieron para concretarla y así en 1960 tuvo lugar el Primer Encuentro de Artesanos en la Huatapera de Uruapan, que era un centro de reunión ya reconocido por los indígenas. Invitaron a exponentes de otros puntos del Estado por lo que la muestra artesanal ya no solo era de barro, aumentando el atractivo para los curiosos que ya comenzaban a rondar.

Desde ese primer evento, un grupo de entusiastas fungieron como jurado destacando y premiando las obras artesanales realizadas por apenas una veintena de personas. Los recursos para logística y premiación fueron aportados por personas acaudaladas de la ciudad y de buena voluntad. Esto fue la semilla de lo que después se convirtió en el tan anhelado y concurrido Concurso de Artesanías de Domingo de Ramos.

Con el pasar de los años el evento sucitó reacciones. Se unieron a la causa personalidades destacadas como el Dr. Daniel Rubín de la borbolla, antropólogo y museógrafo de talla internacional, quien bajo el gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas del Río se ocupó de los programas pioneros de atención a pueblos indígenas. Algunas otras personas que se sumaron a la organización fueron la bailarina Amalia Hernández, la etnomusicóloga y folclorista Henrietta Yurchenko, el investigador Porfirio Martínez Peñaloza, entre otros. Por su parte el Instituto Nacional de Bellas Artes se involucró a través de FONART y a raiz de tan importante evento tomó la decisioón de considerar al arte popular mexicano como Arte Mayor.

Tal fue el impacto de la Muestra Artesanal y del Concurso de Artesanías hacia el exterior que en 1970 motivó la creación de La Casa de las Artesanías de Michoacán, orientada a la atención integral de los artesanos del Estado y gestionada por el Gobierno del Estado. Misma que para exaltar aún más el evento propuso sumarle un concurso más que reconociera los atuendos cotidianos y ceremoniales de los pueblos indios de la entidad, ya que son unos de los más ricos en semiótica y colorido de todo México.

Es así que año con año se llevan a cabo en Uruapan, el Tianguis Artesanal de Domingo de Ramos y los Concursos de Artesanías e Indumentaria Tradicional. A pesar de la enorme cantidad de visitantes nacionales e internacionales que acuden, el evento conserva la naturaleza sencilla y humilde del pueblo michoacano que a su vez es justo eso lo que lo vuelve encantador y le ha dado fama más alla de la fronteras.