Desde 1524 después de la conquista las tierras de lo que hoy es el Parque Nacional pertenecieron a la familia Villegas, posteriormente a finales del siglo pasado figuraba como propietario el Sr. Toribio Ruiz, padre del ilustre Lic. Eduardo Ruiz Alvarez a quien heredó el predio y éste a su muerte lo dejó a su hija Josefina quien se hizo cargo y por ello fue muy popular con el nombre de "Quinta Josefina".


En el año de 1939 el predio fue adquirido por el Departamento Forestal de Caza y Pesca, estando en la Presidencia de la República el Gral. Lázaro Cárdenas del Río. Dicha compra se hizo con la finalidad de establecer una reserva forestal y de preservación de animales silvestres, proteger las plantas nativas y enriquecer la flora propiciando una atmósfera saludable con clima estable además de fomentar el turismo en la región.


El 20 de junio de 1979 la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos que era la dependencia que directamente encargada, cede la Administración del área al H. Ayuntamiento de Uruapan quien a través de un Patronato se hace cargo hasta ahora de resguardar y mejorar el Parque.

 

  

Cuentan que... Corría la época de la evangelización, Fray Juan de San Miguel organizaba a los indígenas de la región. Estos acostumbrados éstos a la abundancia natural y a un clima privilegiado un día preocupados comenzaron a murmurar "el agua se acaba".

Se observaba sequía en sus tierras, preocuparon sobremanera pues llegaron a no tener agua ni siquiera para la preparación de los alimentos, el calor aumentaba y la situación se tornaba insoportable, cansados de buscar agua y no encontrar recurrieron a los ritos mágicos de brujos y adivinos sin efecto alguno, fue entonces que se dirigieron a Fray Juan para que él los ayudara.

Al día siguiente todo el pueblo se reunió para la misa de madrugada, de ahí partieron en procesión al punto donde nacía el río. En silencio total de la concurrencia observaba atenta mientras que el fraile rezaba, su voz producía eco entre los presentes que en voz baja decían que era obra del demonio celoso, lleno de odio por la nueva fe el que había secado el manantial.

Vino luego una oración comunitaria, los incensarios y el agua bendita... "en nombre del sacro universo conjúrote demnio perverso a que te retires", las últimas palabras del fraile fueron ahogadas en un estruendo ensordecedor y un olor fétido se extendió entre los presentes. Al disiparse el humo estupefactos notaron que el agua comenzaba a brotar, a su lado donde dio tumbos el diablo, quedó en la roca la huella de su rodilla y hasta la fecha se puede observar.

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