Vale la pena visitar San Juan Nuevo. Desde Uruapan te toma muy poco y promete gratas experiencias. Saliendo por la calle Cupatitzio, se cuentan 12 Km. Por camino pavimentado flanqueado de huertas de aguacate y amplios paisajes que comienzan a mostrar la belleza tierracalenteña contemplando desde los balcones de la región serrana. Unas cuantas curvas y un arco de bienvenida te deja a las puertas de un pueblo alineado en calles amplias, con trazo recto y moderno. No todas sus edificaciones lucen acabadas; más bien son muchas las que delatan su asentamiento joven que persevera en alcanzar mayores niveles de desarrollo y bienestar. San Juan se funda en 1943 y lo puebla la comunidad que salió de San Juan de las Colchas, cuando hizo erupción el volcán Paricutín, llenando de pánico a los pobladores de la región. La corta vida del pueblo contrasta con su crecimiento físico y la integración de su gente, el completo equipamiento de instalaciones y servicios urbanos y el dinamismo de su economía.



En ello mucho tiene que ver el temperamento de sus habitantes, pero también la dirección y trabajo de quienes fueron autoridad religiosa en el lugar y lograron convertir San Juan Nuevo en un destino de turismo religioso tan importante en Michoacán como lo son San Juan de los Lagos en Jalisco, el Cubilete en Guanajuato y Plateros en Zacatecas. Por eso la vida de San Juan Nuevo, su economía, sus fiestas y su alegría giran en tormo al Santísimo Señor de los Milagros. En su materialidad no destaca por valores arquitectónicos especiales, pero en su amplitud hacen constantemente adornos florales en el altar del Cristo milagroso, compañero del pueblo en sus peregrinar, y brinda espacio a quienes le visitan de lejos. Adyacentes se encuentran oficinas parroquiales, y otras dependencias destacándose la librería donde se extienden suvenires  y no pocos ensayos históricos acerca de la singular historia del pueblo y jardines en que hice, en cantera, una estatua del párroco Alberto Mora, misionero y gran promotor de la comunidad.

Las condiciones de ubicación, altitud, clima, junto con la tradicional organización de las comunidades indígena, han contribuido también al desarrollo de la riqueza forestal, maderera y frutícola especialmente la aguacatera. Entre semana es interesante visitar el Zindio una empresa maderera de la comunidad. A las mujeres ha correspondido impulsar la gastronomía típica (churipo, cofundas, tamales y atoles, quesadilla. Flor de calabaza, etc.). Bordar en punto de cruz y confeccionar blusas deshiladas.



Por todo lo anterior, San Juan Nuevo es muy concurrido, especialmente los domingos, los días alrededor del 14 de cada mes, todos las fiestas cívicas y religiosas. Para festejar, comer y beber, música y danza. En las grandes ocasiones, ropa nueva, castillos. Particularmente vistosas son las danzas de los cúrpites, los moros, que suelen presentarse en temporadas navideñas. Comidas populares se les encuentra por doquier al igual el hospedaje. Típico es “entrar bailando” por la forma tradicional de entrar y salir del templo. En la plaza se encuentran puestos de cajeta, textiles y suvenires, visitar el parque de San Miguelito. A un costado del templo se encuentra un museo que recapitula la historia del pueblo a través de testimonio, fotográficos en su mayoría, de personas, eventos, vestuarios.

San Juan Nuevo ofrece mucho más. Para una mirada interesante y atenta resulta un lugar privilegiado para observar la fama de relaciones sociales subyacentes a la vida y trabajos de una comunidad indígena. La organización mediante “cargueros” reparte funciones y costos de eventos civiles y religiosos. En eventos familiares y recepciones de sacramentos como nacimientos, bodas, sepelios se manifiestan exquisitos sentimientos de solidaridad bajo expresiones rudas.

San Juan vive de fiesta y mayor es su algarabía por navidades, año nuevo, 14 de febrero y septiembre, Semana Santa y Cortup y cada mitad de mes.

En San Juan eres siempre bien recibido.