De entre los pueblos de la meseta purépecha, Nurio parece particularmente interesante. Por una parte, es uno de los asentamientos que se encuentran a mayor altitud en la Sierra Madre Occidental Michoacana, recostado sobre una colina. Eso permite que la mirada se extienda a lo lejos y disfrutar un paisaje estético en alto grado y, al mismo tiempo, descubrir la composición y manejo de las tierras agrícolas. Nurio está conectado con poblaciones en distintas direcciones: Cocucho, Ocumicho, San Felipe de los Herreros, Angahuan, Uruapan y Paracho. Por esta última carretera está a 8 Km. de la desviación que transita por Pomocuaran. En todos los casos, antes de trepar a la loma de Nurio se recorre un valle agrícola, arrebatado al bosque, en donde se siembra maíz, frijol, trigo, con un procedimientos por hectárea. En las laderas de los cerros se pastorean borregos; todo lo cual ofrece un hermoso espectáculo para el visitante.

Por otra parte el pueblo mismo tiene personalidad propia. Su aspecto. La impresión que producen sus calles y viviendas, no parece estar en consonancia con la antigüedad y la historia del poblado. Nurio es una comunidad cuyas calles son amplias y bien trazadas. Todas adoquinadas, excepto la que, con pavimento, atraviesa la población. Las casa son de un frente bastante amplio, bien alineadas y luce reciente la pintura de sus fachadas. Por las calles silenciosas y soleadas caminan féminas con sus atuendos típicos y, en muchos casos, sus caras de niñas. Aunque son bilingües, sus intercambios se dan en el dialecto purépecha.



La calle Lázaro Cárdenas, tal vez la más ancha, desemboca frente a una plazoleta en que se cuenta con cancha deportiva, jardín y, al fondo la capilla de Santo Santiago y la Huatapera u hospital con su capilla dedicada a la Inmaculada Concepción. Este conjunto religioso se conecta en tradiciones orales con el benefactor de los purépecha, Don Vasco de Quiroga y con los evangelizadores franciscanos, en particular se atribuye a Fray Juan de San Miguel, fundador y benefactor de muchos pueblos indígenas. En las mismas obras aparecen las fechas de terminación de 1639 para la capilla de Santo Santiago y 1631 para la capilla de la Inmaculada. En ellas se conservan retablos, pinturas y un coro de valor excepcional. Todo ha sido restaurado por el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) con aportación de particulares; y, para su cabal comprensión, van acompañados de notas explicativas que están colocadas al pie de cada obra sobresaliente.

De esta manera, visitar Nurio puede convertirse en una expedición para revivir el pasado y las raíces de los pueblos de la región. La ocasión puede ser cualquier día pero el pueblo es más colorido en los días de fiesta, Semana Santa, Santo Santiago el patrono (15 de julio) 1 y 2 de noviembre, Navidad y ahora con mayor refinamiento la Feria de la Mazorca, del 10 al 14 de octubre, que comprende elección de la reina, exposición y concurso de productor agrícolas y artesanales, concurso de bandas, danzas de los raiceros y los viejitos, juego de pelota, exposición astronómica.

No hay restaurantes, pero se venden carnitas, tortillas y otras comidas que bien permiten armar un platillo típico.